Células verdes

Amor, lágrimas y realidad frente al mito del romanticismo femenino

Existe una idea profundamente arraigada en nuestra cultura que sostiene que las mujeres son el sexo romántico, emocional y entregado, mientras que los hombres serían más fríos, racionales o incluso interesados. El cine, la literatura, las canciones y buena parte del discurso popular han reforzado durante décadas esa imagen. Ellas lloran por amor; ellos siguen adelante. Ellas buscan el vínculo; ellos buscan el placer.

Pero, qué ocurre cuando se confronta este relato con los datos de la investigación científica? La respuesta es incómoda para estos tópicos, pues la evidencia disponible no parece respaldar la idea de que las mujeres amen de forma más profunda o más desinteresada que los hombres. Al contrario, algunos de los hallazgos más consistentes en psicología evolutiva y psicología de las relaciones cuestionan seriamente ese estereotipo. (1,2)

¿Qué buscan realmente hombres y mujeres en una pareja?

Uno de los estudios más influyentes sobre preferencias de pareja es el realizado por el psicólogo evolutivo David M. Buss, publicado en 1989. Analizando las respuestas de 10.047 participantes pertenecientes a 37 muestras en 33 países, Buss encontró diferencias sorprendentemente estables entre hombres y mujeres. (1)

En términos generales, las mujeres otorgaban una mayor importancia relativa a características como la capacidad económica, la ambición, la dedicación o capacidad de trabajo y las perspectivas de estabilidad y progreso social. Los hombres, por el contrario, concedían una importancia relativamente mayor al atractivo físico, la juventud, la apariencia y el encanto personal de la pareja potencial. (1)

Conviene precisar que estos resultados no significan que las mujeres no valoren la personalidad, la inteligencia o la bondad, ni que los hombres sean indiferentes a la estabilidad emocional o a las cualidades humanas de una compañera. Ambos sexos suelen situar muy arriba atributos como la amabilidad, la honestidad o la inteligencia. Lo relevante es que, cuando se comparan las prioridades relativas, las mujeres muestran una preferencia significativamente mayor por los indicadores de recursos y los hombres una preferencia significativamente mayor por el atractivo físico. (1)

Estos hallazgos se han replicado posteriormente con otras metodologías. En uno de los experimentos más conocidos, Norman P. Li y sus colaboradores pidieron a los participantes que administraran un "presupuesto" limitado para elegir las cualidades de una pareja ideal. Cuando los recursos eran escasos y había que decidir qué era verdaderamente imprescindible, los hombres tendían a considerar el atractivo físico como una "necesidad básica", mientras que las mujeres otorgaban ese papel prioritario al estatus o a la capacidad económica o de provisión. (2)

Este patrón no parece ser un resultado aislado. Diversas investigaciones posteriores y estudios en diversas culturas han encontrado diferencias medias similares entre hombres y mujeres en la importancia relativa atribuida al atractivo físico y a los recursos o el estatus de la pareja potencial. (3) Aunque la magnitud de estas diferencias puede variar según el contexto social y cultural, la dirección general de los resultados ha mostrado una notable consistencia.

Con estos datos no pretendemos extraer conclusiones morales, pero sí invitan a cuestionar ese relato tan extendido que sostiene que el sexo femenino es intrínsecamente más romántico y menos pragmático. Si es así, ¿por qué las variables materiales aparecen de forma tan consistente entre sus prioridades relativas de elección?

El equívoco entre romanticismo y expresividad emocional

Una de las razones por las que el tópico del "sexo romántico" sigue vivo es que solemos confundir dos fenómenos distintos, como son la forma de expresar el sufrimiento y la profundidad con la que ese sufrimiento se experimenta.

En la vida cotidiana se observa que, tras una ruptura, muchas mujeres verbalizan más su dolor, lloran con mayor facilidad, buscan apoyo en amigas o familiares y comparten abiertamente sus emociones. A partir de ahí suele hacerse una inferencia automática: si expresan más el dolor, es porque aman más profundamente. Sin embargo, desde el punto de vista psicológico, esa conclusión no está justificada.

La intensidad visible de una reacción emocional y la profundidad del apego no son la misma cosa. Una persona puede exteriorizar mucho su sufrimiento y procesarlo antes; otra puede hablar poco de él y, sin embargo, arrastrar durante años sus consecuencias. La expresión del dolor y el impacto a largo plazo del dolor son variables distintas.

¿Quién sufre más tras una ruptura?

Uno de los estudios más interesantes sobre esta cuestión fue publicado en 2015 por Craig Morris, Caroline Reiber y Emily Roman en Evolutionary Behavioral Sciences. Analizando las respuestas de 5.705 participantes de 96 países, los autores observaron que las mujeres informaban, en promedio, de un mayor dolor emocional y físico inmediatamente después de una ruptura. (4)

Sin embargo, el mismo trabajo sugería algo que rara vez aparece en el debate público: aunque las mujeres experimentaban un impacto inicial más intenso, tendían a recuperarse de forma más completa, mientras que los hombres parecían mantener durante más tiempo las consecuencias psicológicas de la pérdida. Los autores resumían esta idea señalando que las mujeres "sienten el dolor, pero se recuperan", mientras que muchos hombres "simplemente siguen adelante", aunque con un efecto residual más persistente. (4)

Naturalmente, un único estudio no basta para resolver una cuestión tan compleja. Pero sus conclusiones encajan con una línea de investigación cada vez más amplia sobre bienestar psicológico, redes de apoyo y adaptación tras la ruptura.

La mayor expresividad femenina no demuestra un amor más profundo

La mayor expresividad emocional femenina tras una ruptura no prueba por sí misma una mayor profundidad amorosa. La literatura disponible sugiere que las mujeres suelen exteriorizar más el dolor inicial y recurrir más a redes de apoyo, mientras que los hombres, aunque a menudo expresan menos, pueden presentar más soledad, peor adaptación a la soltería y un mayor riesgo suicida tras la ruptura. (4, 5, 6)

La evidencia científica no respalda el estereotipo de que las mujeres sean intrínsecamente más románticas o menos pragmáticas que los hombres. Los estudios sobre preferencias de pareja muestran que, en promedio, ellas conceden una importancia relativa mayor a los recursos y al estatus, mientras que ellos la conceden al atractivo físico. (1, 2, 3) Al mismo tiempo, la literatura sobre rupturas sugiere que la mayor expresividad emocional femenina no se traduce necesariamente en un mayor impacto psicológico a largo plazo y que los hombres pueden experimentar más soledad, peor adaptación a la soltería y un mayor riesgo suicida tras la pérdida de la pareja. (4, 5, 6) En consecuencia, utilizar el hecho de que las mujeres lloren más como prueba de que aman más profundamente constituye una inferencia que los datos disponibles no justifican.

La expresión del dolor y la profundidad del apego son fenómenos distintos. De hecho, la evidencia disponible es compatible con la hipótesis de que las mujeres procesan el duelo de una forma más abierta y visible, apoyándose además en su entorno de familiares y amistades, mientras que los hombres, aunque exterioricen menos sus emociones, pueden experimentar un impacto psicológico más profundo, silencioso y prolongado, con mayor riesgo de aislamiento, de conductas autodestructivas e incluso de suicidio. Algunos estudios sugieren, además, que los hombres recurren con mayor frecuencia al consumo de alcohol y drogas como una forma de mitigar o anestesiar el sufrimiento asociado a la ruptura.

La importancia de las redes de apoyo

Una de las explicaciones más plausibles para esta diferencia se encuentra en la estructura de las relaciones sociales.

Diversos trabajos en psicología y sociología sugieren que, en promedio, las mujeres mantienen redes de apoyo emocional más amplias y diversificadas, mientras que muchos hombres concentran una parte mucho mayor de su intimidad y apoyo psicológico en la pareja. (5)

Esto significa que, cuando una relación termina, muchas mujeres pueden apoyarse en amigas, hermanas, familiares o compañeras con las que ya compartían una relación emocional estrecha. Muchos hombres, en cambio, pierden simultáneamente a su pareja, a su principal confidente y, en ocasiones, a la única persona con la que expresaban libremente sus preocupaciones y vulnerabilidades.

Precisamente esta hipótesis es uno de los pilares del reciente artículo de revisión "Romantic Relationships Matter More to Men than to Women", publicado por Iris V. Wahring, Jeffry A. Simpson y Paul A. M. Van Lange. Los autores sostienen que la evidencia acumulada permite cuestionar el estereotipo tradicional y plantean que los hombres podrían depender en mayor medida de las relaciones románticas para satisfacer sus necesidades de intimidad y apoyo emocional. (5)

Su argumento central es provocador: quizá no sean las mujeres, sino los hombres, quienes obtienen una mayor proporción de su bienestar psicológico de la relación de pareja y, precisamente por ello, quienes sufren más cuando esta desaparece.

Soledad, adaptación a la soltería y riesgo suicida

La investigación más reciente parece reforzar esta línea de interpretación. En otro trabajo publicado por el mismo grupo de investigadores sobre la transición a la soltería en adultos jóvenes y de mediana edad, los hombres mostraban, en promedio, una menor satisfacción con la vida en solitario, un mayor deseo de volver a tener pareja y una menor probabilidad de haber sido quienes iniciaron la ruptura.(6)

Aún más llamativos son los resultados relacionados con la salud mental. Una revisión sistemática y metaanálisis internacional publicada en 2025, basada en decenas de estudios realizados en diferentes países, concluyó que la ruptura o separación sentimental constituye un importante factor de riesgo para el suicidio masculino. (7) Los autores encontraron asociaciones consistentes entre la pérdida de la pareja y un incremento de la ideación suicida, los intentos de suicidio y el suicidio consumado, especialmente en los primeros meses posteriores a la separación. (7)

El propio estudio señala como posibles factores explicativos el aislamiento social, la pérdida de apoyo emocional y las dificultades para compartir o gestionar el sufrimiento psicológico. (7)

Nada de esto implica que las mujeres no sufran intensamente las rupturas. Lo que cuestiona es una deducción muy extendida, que lleva a creer que quien más llora o más exterioriza el dolor sea necesariamente quien más profundamente amó.

¿Qué es exactamente lo que se pierde en una ruptura?

Otro aspecto pocas veces discutido es que una separación no implica únicamente la pérdida de una persona querida. También puede suponer la pérdida de un proyecto vital compartido, de un entorno familiar, de una determinada identidad personal, de expectativas de futuro e incluso de seguridad económica o estabilidad material.

Y aquí los estudios sobre preferencias de pareja aportan un elemento adicional de reflexión. Si las investigaciones muestran de manera consistente que las mujeres, en promedio, conceden una importancia relativamente mayor a factores como la estabilidad económica, la capacidad de provisión o el estatus social del compañero, resulta razonable plantear que la pérdida de esos elementos pueda contribuir también al sufrimiento posterior a la ruptura. (1,2)

Esto no significa, ni mucho menos, que el dolor femenino sea falso o que responda exclusivamente a motivos materiales. La evidencia científica no permite sostener una afirmación de ese tipo. Pero tampoco permite asumir que todo el sufrimiento refleje únicamente una pérdida afectiva "pura". Las relaciones humanas integran dimensiones emocionales, sexuales, familiares, sociales y económicas, y es muy probable que el duelo tras una ruptura también esté compuesto por todos esos elementos.

Por ello, la mayor expresividad emocional femenina no debería interpretarse automáticamente como una prueba de un mayor romanticismo innato o de una mayor profundidad amorosa.

Un tópico cultural que quizá deba revisarse

La ciencia probablemente no pueda responder quién ama "más". Pero sí puede ayudarnos a desmontar algunos prejuicios.

Los estudios sobre elección de pareja muestran que las mujeres, en promedio, otorgan una mayor importancia relativa a los recursos y al estatus, mientras que los hombres priorizan más el atractivo físico. (1,2) Las investigaciones sobre rupturas indican que la expresión visible del sufrimiento y sus consecuencias a largo plazo no siempre coinciden. (4) Y la literatura más reciente sugiere que los hombres podrían depender en mayor medida de las relaciones románticas para su bienestar psicológico, presentar más dificultades para adaptarse a la soltería y sufrir con mayor intensidad algunas de las consecuencias más graves de la pérdida de pareja. (5,6,7)

En definitiva, la imagen tradicional según la cual las mujeres representan el amor desinteresado y los hombres el interés o la superficialidad parece tener un respaldo empírico mucho menor del que suele darse por supuesto. Quizá hemos confundido durante demasiado tiempo la forma de expresar el sufrimiento con la profundidad con la que ese sufrimiento se vive.

Y quizá el verdadero error no sea creer que hombres y mujeres aman de forma distinta, sino asumir que las lágrimas, por sí solas, son una medida fiable del amor.


Fuentes y estudios citados

1. Buss, D. M. (1989). Sex Differences in Human Mate Preferences: Evolutionary Hypotheses Tested in 37 Cultures. Behavioral and Brain Sciences, 12(1), 1–49.
DOI: 10.1017/S0140525X00023992.

2. Li, N. P., Bailey, J. M., Kenrick, D. T., & Linsenmeier, J. A. W. (2002). The Necessities and Luxuries of Mate Preferences: Testing the Tradeoffs. Journal of Personality and Social Psychology, 82(6), 947–955.
DOI: 10.1037/0022-3514.82.6.947.

3. Diversas replicaciones transculturales posteriores (entre ellas trabajos de Benedict C. Jones, Lisa M. DeBruine y colaboradores) han encontrado patrones similares respecto a las diferencias medias entre sexos en preferencias de pareja.

4. Morris, C. E., Reiber, C., & Roman, E. (2015). Quantitative Sex Differences in Response to the Dissolution of a Romantic Relationship. Evolutionary Behavioral Sciences, 9(4), 270–282.

5. Wahring, I. V., Simpson, J. A., & Van Lange, P. A. M. (2024). Romantic Relationships Matter More to Men than to Women. Behavioral and Brain Sciences.

6. Wahring, I. V. et al. (2024). Men and Women Transitioning to Singlehood in Young and Middle Adulthood. Estudio sobre adaptación a la soltería, iniciativa en la ruptura y deseo de volver a tener pareja.

7. Wilson, M. J. et al. (2025). Suicidality in Men Following Relationship Breakdown: A Systematic Review and Meta-analysis of Global Data. Revisión sistemática y metaanálisis sobre ruptura de pareja y riesgo suicida masculino.

Nota metodológica

Este artículo distingue entre los resultados empíricos descritos en la literatura científica y las interpretaciones que pueden derivarse de ellos. Algunas de las hipótesis aquí planteadas —como la posible relación entre las preferencias de pareja y determinados componentes del sufrimiento tras una ruptura— constituyen inferencias razonables a partir de la evidencia disponible, pero siguen siendo objeto de debate académico y no deben interpretarse como hechos demostrados.

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